ENVASES PLÁSTICOS: UN APORTE AL DESARROLLO SUSTENTABLE

Es fácil olvidar que el cometido principal del envase no es seducir al consumidor para que compre el producto. La función principal del envase es proteger contra la rotura, el robo y, en el caso de los alimentos y productos delicados, la contaminación bacteriana, así como conservar el producto y optimizar la logística. Más que un elemento de marketing, ante todo constituye un soporte donde ubicar la información legal: composición, fecha de caducidad, origen del producto, indicaciones de eliminación, información sanitaria, etc. Aunque contribuye a la estrategia de comunicación de la marca, lo hace solo en virtud de su existencia y, en este sentido, los fabricantes han considerado oportuno utilizar su superficie para hacer más atractivos sus productos. El no hacerlo iría en detrimento de la elección informada del usuario.

Sin embargo, es innegable que el envase desempeña un papel primordial en la consolidación de la fidelidad de marca. Al igual que la composición de un producto, su conveniencia y su método de conservación son cuestiones importantes: una bolsa que no se cierra correctamente, un tapón complicado o un cartón que se rasga con facilidad pueden ser causa de insatisfacción y hacer que un cliente no vuelva a comprar el producto.

No es exagerado afirmar que los plásticos revolucionaron el mundo de los envases. Cerca de cincuenta años atrás, los fabricantes del sector agroalimentario y de la cosmética vieron en los plásticos unos materiales resistentes, ligeros, asequibles y fáciles de fabricar. En pocas palabras, ideales para aumentar los márgenes de beneficio en unos cuantos puntos. Sin embargo, este enfoque pertenece a épocas pasadas. Actualmente, algunos envases plásticos son el resultado de tecnologías altamente innovadoras y su coste es mucho más elevado que, por ejemplo, el del cartón.

Entonces, ¿por qué siguen eligiéndolos los fabricantes? En primer lugar, porqué son perfectos para conservar aquello que contienen durante el mayor periodo de tiempo posible. Uno de los materiales más conocidos en este ámbito es el poliestireno expandido, cuya estructura apanalada contiene un 98 % de aire. Convertido en envase, el aire retenido en el polímero es capaz de mantener la temperatura del contenido. Esto significa que la cadena de frío no se rompe en ningún momento durante el transporte, evitando así la degradación de docenas de toneladas de alimentos que se produciría si no fuera por el envase.

Se considera que es también la mejor solución para el transporte de aquellos medicamentos que no toleran la más mínima variación de temperatura, a riesgo de perder su eficacia. Otra de sus ventajas frente a otros materiales resistentes a los impactos es el hecho de que se moldea fácilmente, y que es tan ligero que, en algunos casos, su peso resulta insignificante. En el mismo ámbito, las bolsas médicas de infusión suelen fabricarse en PVC, un material inerte, estable e impermeable que se precinta con gran facilidad.

Volviendo al tema del desperdicio de alimentos, las Naciones Unidas y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) estiman que cada año se tiran o se pierden alrededor de 1300 millones de toneladas de comida en todo el mundo. Esta cifra representa aproximadamente un tercio del total de comida producida en el planeta. Este desperdicio tiene lugar a lo largo de toda la cadena, desde el productor hasta el consumidor. Gracias a los envases, solo un 3 % del total de productos que llegan al consumidor se estropea durante las fases de producción y transporte en Europa, frente a un 40 % en los países en desarrollo. Un estudio de 2016 encargado por la ADEME (Agencia de Medio Ambiente y Gestión de la Energía de Francia), reveló unos índices de pérdida del 4 % por parte del productor, del 5 % por parte del procesador, del 3,3 % por parte del distribuidor y del 3 % por parte del consumidor final.

Los polímeros siguen siendo los materiales más adecuados para proteger los alimentos de forma eficaz. Al ser transparentes, permiten comprobar visualmente el estado de los alimentos. Sin embargo, su función de barrera frente al oxígeno, los rayos ultravioleta, la humedad y las bacterias es lo que los hace particularmente eficaces. Por lo tanto, se puede afirmar con seguridad que los polímeros alargan la vida de los productos envasados, a la vez que ofrecen un método de conservación ideal que ayuda a evitar numerosos problemas de salud pública. Cabe señalar que ninguno de los grandes escándalos alimentarios que surgen cada cierto tiempo en nuestros países han estado relacionados en modo alguno con los plásticos.

Y si hay un aspecto en el que los plásticos ayudan a proteger el medioambiente, es en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero.

Esto es especialmente cierto en el caso de los envases, tal como el naturalista sir David Attenborough puso de manifiesto recientemente en el último Foro Económico Mundial en Davos. Según sir David, las famosas imágenes de los plásticos oceánicos han tenido un efecto devastador en la opinión pública. Sin negar la presencia de deshechos plásticos en el universo marino, explicó claramente cómo prescindir de los plásticos incrementaría el calentamiento global. Lamenta que algunos fabricantes, especialmente en los sectores agroalimentario y de la cosmética, están sustituyendo los envases de plástico por materiales como el cartón, el vidrio o el aluminio, puesto que el uso de tales materiales alternativos emite, por una cantidad equivalente de material de envase, más CO2 del que se emitiría en la fabricación del plástico. Por lo tanto, sir David cuestiona el repentino rechazo hacia los polímeros, teniendo en cuenta que se trata de materiales reciclables, como en el caso de las botellas de PET, siempre y cuando se desechen en el contenedor correspondiente y se proceda a su posterior recogida y clasificación.

Basta con examinar el estudio del Instituto Denkstatt de 2011 que proporciona un análisis comparativo del ciclo de vida de los plásticos frente al de otros materiales utilizados en los envases. Los resultados son irrefutables y respaldan el uso de los polímeros, puesto que demuestran que sustituir los envases de plástico por otros materiales (aluminio, vidrio, etc.) significaría multiplicar la masa del envase por 3,6; el consumo energético a lo largo del ciclo de vida se multiplicaría por 2,2, lo que equivale a calentar 20 millones de hogares, y los gases de efecto invernadero (GEI) se multiplicarían por 2,7, lo que representa un aumento de 61 millones de toneladas de CO2 al año, comparable a la circulación de 21 millones de coches o las emisiones de CO2 de Dinamarca. La explicación es muy sencilla: los envases producidos usando materiales distintos de los plásticos son mucho más pesados, por lo que su producción y transporte requieren más energía y se emite mayor cantidad de CO2.

Sir David señala también que los plásticos aportan una ventaja importante al evitar el desperdicio de alimentos. Añade que las toneladas de alimentos malogrados acaban por degradarse emitiendo metano, un gas 20 veces más perjudicial para el calentamiento global que el CO2. Estima que, si los alimentos desperdiciados fueran un país, este sería el tercer mayor contribuyente de emisiones de metano del mundo.

Fuente: Plastics Le Mag